La involución de lo conocido: pinceladas de una revolución con algo de Verde
Teoría e Historia de
la Divulgación Científica
Valdivia, 22 de Mayo del 2007
En nuestro sistema educativo, y con la suerte de encontrar a alguien que los sepa distinguir, la cueva de “Los Pincheiras” tiene más fama que Monte Verde[1]. Uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de las últimas décadas no retumba en las aulas, sin siquiera importar que los restos fueron encontrados en el mismo pedazo de franja que homenajeamos -con algo de carne en parrilla y con extracto de fruta fermentada hasta la saciedad, haya o no aguinaldo- cada 18 de septiembre. ¿Y los primeros hombres que pisaron nuestra Patria? Ni un brindis por ellos. O’higgins tiene más medallas que el mismísimo monteverdino que dejó su huella en el suelo pleistocénico[2], ”así que importa más”. ¡Viva O’higgins!No es una cosa de fetichismo hacer un brindis por los prehistóricos; no lo planteo como propuesta y creo que ni siquiera se considera dentro de los objetivos de difusión de tal hallazgo. Se apunta a que, por lo menos, a conciencia se recuerde (o por lo menos se considere para el chiste intelectual) que:
2) somos hijos putativos del forrajeo, y
3) sólo somos una pulga de visita en la Gran Ciudad de los gigantes.Ese tranquilo y seguro esquema existencial y cognitivo que muchos poseían comienza a temblar… los americanos somos más viejos de lo que creíamos, y aún así seguimos siendo ínfimos en el tiempo mientras hay un mundo entero y casi eterno por descubrir.
Claro, hay quienes no se molestan por venir o no del norte
[3], pero los también vividores que se dan el tiempo de reflexionar sobre nuestros orígenes (y más aun los que no viven y se pasan todo el tiempo reflexionando) saben que el sitio arqueológico hallado a unos 35 kilómetros de Puerto Montt deja más interrogantes que dudas saldadas en este contexto de desconocimiento.Sólo para esquematizar el jaque de Monte Verde a lo poco que conocíamos de prehistoria americana, mencionaré tres puntos de quiebre de un mismo partido:1) El descubrimiento de Monte Verde significa, en primer término, que todas las clásicas teorías de poblamiento americano que se enseñaron -y que aun se enseñan- en los colegios quedaron cortas en unos cuantos miles de años. Pero partamos por la base: ¿Qué es lo que se enseña?
Imaginémonos a todo el continente americano, y pensemos que los primeros hombres llegaron al continente desde el oeste; se embarcaron hace 70.000 años en una travesía por hambre: buscaban carne en abundancia, como la que entrega el mamut u otros animales de la Edad del Hielo, uno de los períodos de la prehistoria que tiene un nombre técnico poco conocido: Pleistoceno; cruzaron a pie por un puente de hielo que unía a Siberia y Alaska, denominado Estrecho de Bering; desde este momento, la población se comenzó a multiplicar y diseminar por miles de años, hasta llegar al otro extremo del continente: sudamérica
[4]. ¿Imaginado? Algunos otros aportes y correcciones hacen que se constituya, en base a este imaginario científico, el consenso de la teoría predominante: poblamiento tardío de América.Las evidencias arqueológicas que sustentan esta teoría se encuentran en diversos sitios de Nuevo México [5], y datan 11.050 a 10.800 años de antigüedad[6], transformándose –dada la cantidad de estudios que se han realizado en torno a este descubrimiento y al consenso generalizado entre arqueólogos- en el complejo cultural pleistocénico más importante de América. Clovis se convirtió por largas décadas, entonces, en un conjunto de pruebas de inigualable validez y veracidad, que dio sustento científico a la respuesta de la eterna pregunta: ¿de dónde venimos? Y con la respuesta de que venimos del norte, los profesores de los liceos de toda América tenían solucionado un problema de los estudiantes más existencialistas.
En tanto, el paradigma del poblamiento tardío fue sujeto a observaciones durante muchos años, donde arqueólogos de distintas nacionalidades hicieron anuncios de quiebre con tal creencia, presentando –en demasía- elementos con estudios poco rigurosos que sólo les permitían figurar en el ámbito. El resultado, ante la comprobación de la inconsistencia científica de vestigios encontrados, fue el empoderamiento del paradigma dominante. Y tal como el cuento “Pedrito y el lobo”, cuando llegó realmente un análisis exhaustivo de elementos pre-clovis, la incredibilidad cundió entre el mundo de la arqueología.
Los arqueólogos marcan en 12.000 años el límite entre una conservadora teoría de poblamiento tardío y una revolucionaria teoría del poblamiento temprano. Un gringo, que por cosas del destino o de la suerte estuvo en el lugar y en el momento preciso
[7], ha afirmado a través de extensas investigaciones que el asentamiento provisional de Monte Verde I tiene una data de 12.500 años de antigüedad, o sea, 1.500 años más viejo que el que se consideraba primer complejo cultural del pleistoceno en América.2) Entonces, en un segundo término, Monte Verde implica una colisión con la visión tradicional, un choque de teorías. Pero un GRAN choque. Acá, más que un “consenso”, hay una lucha de dominación de las visiones, una clásica relación entre dominante-dominado en la academia.Hasta el día de hoy hay conservadores imperialistas que aun refutan la veracidad del hallazgo, por lo que no existe un “consenso” generalizado como el que ocurrió con Clovis (siendo que los norteamericanos son, prácticamente, los únicos opositores al poblamiento temprano). El paradigma dominante, impulsado y protegido por los científicos del norte, no puede quebrarse por una revolución, que afecta a décadas de cuantiosa investigación. Eso alteraría el desarrollo del pensamiento arqueológico bajo las estructuras mentales dominante.
3) Pero, quiérase o no, entra en juego un tercer término: revolución, que no se
relaciona, en este caso, con lo planteado por el siempre buen amigo Lenin o por el Che, sino más bien con lo que plantea Thomas Kuhn
El hecho de que haya sido encontrado en un lugar muy diferente al entorno natural Clovis hacía suponer que las pruebas serían cabalmente distintas y casi incomparables
[9]. Pero Tom Dillehay, en conjunto con un equipo interdisciplinario de investigación, consideró los tres ejes básicos para identificar un sitio arqueológico sin solicitar consideraciones especiales[10]: 1) evidencia de presencia humana; 2) evidencia de un contexto estratigráfico; 3) coherencia de fechados absolutos, tanto de registros radiocarbónicos como paleoambientales. El resto, pura sorpresa, como las plantas con uso alucinógeno y medicinal, la tecnología para trabajar la madera[11], o las estacas para sus hogares, tal como las que utilizamos cuando queremos acampar.Lo otro revolucionario de esta teoría es que los hombres del norte no expandieron toda su sabiduría en el continente, sino que se dieron procesos paralelos de aprendizaje en torno a la naturaleza y a las formaciones sociales en diversos puntos, lo que se suma a la idea de expansión lenta por los distintos lugares de América (y no en un par de milenios, de norte a sur, como se creía con Clovis).Por último, es revolucionaria tan sólo por quebrar al paradigma “Clovis First”
[12], sustentada en su mayoría por los científicos estadounidenses (con clara concepción imperialista occidental), que se amparan en la arrogancia de sus escuelas para mantener la legitimación de su poder en el continente, ese que les da autoridad para ser considerados en cualquier publicación (sea como firmante o en base a citas) o bien que les da pasaporte ilimitado para trabajar en distintos proyectos de investigación arqueológica, por ejemplo.En efecto, las revoluciones siempre tienen sus detractores, quienes resisten hasta el último para no perder su bienestar, sus privilegios. Hay reconocidos científicos conservadores que, sin embargo, han aceptado la teoría de poblamiento temprano luego de conocer en detalle la investigación de Monte Verde [13].Eso sí: una golondrina no hace verano. Para que la comunidad arqueóloga estadounidense acepte a Monte Verde (el paladín del poblamiento temprano, referente del nuevo paradigma) va a pasar mucho tiempo.Acá, Kuhn, el teórico de las revoluciones científicas, es enfático: la transformación es súbita en cuanto al impacto que altera las estructuras existentes, desorden que se aprovecha para ver lo que antes no era visible. Lo anterior se logró, ya que se deja ver la posibilidad de encontrar sitios más antiguos que de los que se tenía conocimiento cerrado (a partir del cual se estructuraron otros conocimientos, como el etnográfico, lingüístico, etc.). Ahora, es cuestión de “limpieza”, de que poco a poco este cambio de paradigma se vaya asumiendo por los más duros, y comience a asumirse la nueva base de investigación que rompe con el límite Clovis..
La importancia de Monte Verde no debe estar en duda por la población en general, y menos por los científicos del norte. Más allá de caer en un acto voluntarista de fe, no hay que ser tan ciego sobre las sorpresas que ha conservado la naturaleza en estos miles de años
[1]Monte Verde: sitio arqueológico descubierto, sin saber, por un lugareño en 1970. Las excavaciones comienzan en 1977 hasta 1985. Los materiales encontrados (700 piezas más o menos) en un lugar específico están datados (por carbono 14) en 12.500 millones de años; a este se le llama MVII, mientras algunas cosas de lo encontrado a menos de 1 km de ese lugar datan de 33.000 años ap, y se identifican con la abreviación MVI. MVI es abordado con prudencia por los científicos; esperan concretar lo más próximo, que corresponde a MVII.




Hola, eso es justamente lo que busco,el artículo de Mena y Nuñez y la replica de Dillehey y Pino sobre el caso Monteverde. Soy estudiante de peiodismo de la U. Austral y de Filosofía en la Universidad de Chile y realizo una tesis de sociología de la ciencia en base a Foucault, Bourdieu, kuhn, etc. No se si tú tendrás digitañliado estos textos o pofrías hacérmelos llegar de alguna manera. Comunícate conmigo a villolho@gmail.com, te lo agradecería mucho. Chao.